DOLOR (A.D MCMXCIV)

– EN CONSTRUCCIÓN –

Una arena circular se convierte en el ruedo particular de un niño que no ha sabido crecer. Las varias caras del sufrimiento se personifican en un recorrido audiovisual que encarna el insoportable dolor de ser uno mismo. Con una estructura en tres actos, asistimos a la sucesiva aparición de personajes alegóricos, que se desprenden de un público que esconde su hambre de miseria tras las gradas. Uno a uno escenifican su lucha particular contra el lastre que no les deja avanzar. La herencia del trauma familiar, la necesidad de captar la atención ajena, la imposibilidad de aceptar las responsabilidades de la vida adulta.

Josep Piñol diseña una escenografía que parte de la poética del desollamiento. Órganos internos que se desinflan y colapsan sobre la escena. El hueso de la pelvis suspendido como deidad impasible y vigilante. Humanos condenados a ser animales de carga que sólo buscan librarse de su lastre. El dolor es explorado como experiencia universal y universalizante; en un intento por reencontrarse consigo mismo y con el mundo, el artista nos presenta un relato en el que la desgracia de existir nos aleja progresivamente de una sociedad macabra, alienada.

DOLOR es una obra que nace de un espasmo, una pulsión que invita a buscar más adentro. Presenciamos un viaje que comienza en los pulmones, el órgano de la tristeza, alojado en el pecho, para descender hacia los intestinos, que encarnan la ansiedad, y continuar el descenso hacia la pelvis, hueso duro, centro de gravedad, miedo insondable. Una catábasis que supera la búsqueda del subconsciente para adentrarse en el inconsciente somático. Automaquia, o el arte de mirarse la pelvis. 

Este proyecto en construcción continúa el camino iniciado con La Muda: el lenguaje visual (barroco, simbólico y operístico) alcanza una nueva densidad. La pieza trasciende el formato cinematográfico y propone un desparrame del contenido en la sala de exposiciones. Su visión no se limita a la pantalla, sino que se expande en el espacio, creando un entorno inmersivo donde el espectador entra, de manera visceral, en el aparato emocional de la obra. De una duración total de unos 25 minutos, no se proyecta como una pieza para ser visualizada de principio a fin, sino partida y fragmentada en un display expositivo.

El proyecto involucra la participación de profesionales de distintos ámbitos que, bajo la dirección de Piñol, orquestan una macabra lidia. Las coreografías de los personajes, refuerzan la tensión entre la carne y la máquina, entre la resistencia corporal y la obediencia simbólica.

El sonido opera también como canal visceral de la experiencia. Compuesta por Lluís Martínez, la banda sonora reinterpreta fragmentos de la ópera King Arthur de Purcell, combinando su solemnidad barroca con los ecos de la marcha fúnebre de Nyman y un diseño sonoro que incorpora sonidos corporales procesados como maquinaria industrial: crujidos óseos, respiraciones, exhalaciones. Este universo auditivo refuerza el carácter litúrgico de la pieza.

En DOLOR asistimos a una catarsis violenta que surge de lo más hondo del propio cuerpo, de los huesos y del tuétano, y que, en palabras de su autor, supone ‘’un intento por tomar consciencia de mis lastres y atravesar mi propio sufrimiento. De un intento por recomponerme, personalizarme, liberarme, desatarme, sentirme y desfragmentarme.’’

© 2025 Josep Piñol. All rights reserved.

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